Me voy. Pero antes quiero dejarles algo. Aprendí mucho en estos años averiguando qué tan bien podía jugar al golf. Si bien tuve una carrera exitosa (logré vivir, o sobrevivir, del golf durante 13 años), no pude ganar en los tours importantes. Algunos dirán que no llegué. Voy a explicar por qué están equivocados.
Sentí lo lindo que es ganar y sé lo que duele perder. Entiendo que los resultados te dan credibilidad. Tuve cierto éxito, aunque no para que se sienten a escucharme. No tuve ese éxito que te permite hablar con soberbia. Sabiendo esto, igual tengo cosas que quiero decir. Me escuchen o no, la idea es sumar. Uno nunca sabe quién está del otro lado, leyendo. Algún joven pro al que mis líneas lo ayuden, quizá, o algún veterano que se vea reflejado en mis palabras. Si de esta carta se llevan un solo consejo, mi objetivo estará cumplido.
Luego de varios años compitiendo y aprendiendo con los mejores, decidí cambiar el rumbo. Hoy, mi familia y mi amor a la enseñanza son mis prioridades. Aunque estas no reemplazan al golf competitivo. Y duele, claro que duele, pero el haber descubierto mi otra pasión va a hacer que la transición sea más fácil. El momento es el indicado. Mi madre es docente y mi mujer también. La enseñanza es algo que siempre disfruté y que llevo en los genes. Siempre ayudé a colegas; detuve mis prácticas para corregir a otros. Una vez, Amy, mi mujer, me dijo que no le importaba que yo ayudase a un rival, pero que si iba a perder tiempo de mi práctica, entonces tenía que cobrarles. Nunca dejé de aconsejarlos y jamás pensé en cobrarles.
Leí mucho sobre golf. Siempre tuve un gran apetito por aprender sobre todas las áreas de este deporte. Mi cabeza analítica necesitaba entender antes de cambiar. Esa personalidad me ayudó a saber lo que hoy sé. Aprendí mucho y de los mejores. En este año, enseñando, me di cuenta de que esta fue siempre mi verdadera pasión. Mis años compitiendo fueron el mejor aprendizaje. Cualquiera se capacita leyendo, pero no todos lo viven. Los momentos compartidos con varias leyendas de nuestro deporte son una escuela impagable. Mi experiencia me va a diferenciar de otros profesores o analistas, ya que muchos nunca sintieron lo que es tirar un putt para pasar un corte o ganar un torneo.
Disfruten de lo que hacen. El secreto está en el camino, no en el final. Llegar, llegan pocos. ¿Qué es llegar? ¿Entrar al PGA Tour? ¿Al Tour Europeo? ¿Ganar en esos Tours? ¿Ganar Majors? ¿Varios Majors? En mi libro, llegar es lograr vivir bien de lo que a uno le gusta y apasiona. Es poder no tener problemas económicos mientras perseguís tu sueño. Es tener la oportunidad de averiguar qué tan bueno sos jugando al golf, tu pasión. Es levantarte todos los días para mejorar. Es hacer la vida que muchos sueñan poder tener. Viajes por el mundo, jugando al golf todo el día contra amigos. La gente ahorra todo el año para pasar una semana como ésa. Que una mala vuelta no los haga dejar de verlo. Disfruten.
Si el dinero es el fin, las chances son muy pocas. Como en cada golpe, lo importante es el proceso. No controlamos el resultado. Hay que disfrutar del recorrido. Si la pasan mal, busquen otro camino. La vida es muy corta y este juego está hecho para hacernos sufrir. Entreguen el máximo, déjenlo todo. Si no llegan, no será tiempo perdido. Este juego nos enseña muchas cosas además de cómo hacer score. Te enseña a ser honesto (¿hay otro deporte sin referí?). Te enseña a pelearla. Te muestra que es importante tener un equipo, aunque en los momentos definitivos uno esté solo. Te enseña a ganarse a uno mismo, a sus debilidades, a vencer nuestros miedos. Uno mejora como persona jugando al golf. Te enseña a aceptar los malos piques. Como la vida, a veces, el golf no es justo. Hay que saber sobrellevar la adversidad. Hay que ser humilde en el éxito, porque el fracaso está a la vuelta del dogleg. Te da valores. No descubro nada si digo que el golf es la vida misma, si sabés cómo mirarlo.
Aprendan a separar al jugador de la persona. Son mucho más que un score. La vida va más allá del número final en la tarjeta. Es normal estar mal por momentos, frustrado por dar todo y no recibir nada. Pero en general tienen que sentir placer por lo que hacen. Nunca sentí que el golf era un trabajo. Es una pasión y, sobre todo, una forma de vida. Tuve la desgracia de tener una lesión fea en mi carrera. Dos largos años en los cuales me di cuenta de cuánto el golf significaba para mí. Volví con otra visión del juego. En esos eternos 24 meses empecé a trabajar como comentarista y hasta llevé palos. No podía hacer algo que no estuviera relacionado con el golf. Comenté desde el Amateur asiático hasta el British Open. Cargué bolsas desde un 30 de hcp a un US Open. El golf es apasionante a cualquier nivel y en cualquier posición.
Tuve grandes consejeros, de De Vicenzo a Cabrera, pasando por Vicente Fernández y tantos otros en una lista interminable. Pregunté mucho, y cada uno a su manera me dejó algo. Hoy quiero dejarles un poquito de todas las cosas que aprendí. Pasen estas enseñanzas y otras que ustedes aprendan a futuras generaciones. Dejen algo más allá de las copas en sus vitrinas.
¡Crean en ustedes mismos! Yo trabajé e invertí en los mejores profes del mundo, busqué respuestas por todos lados. Está en mi sangre. Conseguí distintas respuestas, todas interesantes, y muchas hoy las enseño. Pero al final descubrí que mi mejor profesor soy yo mismo. Yo debo ser el especialista en mi golf. Los profes pueden ser un GPS para llegar al objetivo, pero ustedes siempre deben conducir. Los mejores creen en ellos mismos ciegamente. Si bien un equipo ayuda, la mayoría de las respuestas están adentro y no afuera de uno.
La diferencia entre los que llegan y los que no es ese sentido de pertenencia a la elite del golf. Creen en lo suyo. Creen en ellos luego de un 62 y especialmente después de un 82. No hay una verdad, encuentren la de ustedes. Aprendan a escucharse. Rodéense de gente que crea en ustedes hasta que ustedes dejen de hacerlo. Todo se trata de que se vean como quieren ser y no como los ven los demás. Sueñen en grande, imaginen dónde quieren estar, siéntanse ahí. La verdad es subjetiva, siempre tienen que dominar sus versiones positivas de la realidad. No se junten con realistas. Que los llamen locos, a la mayoría de los grandes genios los llamaban así. Imaginen un futuro perfecto.
No hay un swing para todos, encuentren el de ustedes. No hay una sola manera de jugar bien. Pasen más tiempo en el campo y menos en el range. Los mejores saben “jugar al golf”, no hacer lindos swings. Esto no es un concurso de belleza. Manejen sus emociones, aprendan a conocerse sobre todo bajo presión. Traten de reconocer sus debilidades y luego trabajen para volverlas puntos fuertes. A todos les gusta practicar en lo que son buenos, pero son sus puntos flojos los que los limitan hacia sus verdaderos potenciales. Es difícil, lleva conducta y esfuerzo, pero no hay mejor sensación que hacer funcionar un punto débil cuando más lo necesitas.
Me voy. Intentaré seguir compitiendo cuando tenga la oportunidad. Va a ser difícil no hacerlo. Voy a extrañar las mariposas en el estómago camino al club, las distintas sensaciones el día del torneo. Los partidos (no amigables) con mis amigos los días martes. Los nervios del domingo a la tarde. ¡Qué privilegio! Aprendan a darles la bienvenida a esos nervios: quiere decir que están cerca de cumplir sus objetivos. Me van a faltar las charlas con el caddie (aprovecho a agradecer a todos los que sufrieron cargando mi bolsa) y muchas cosas más. ¿Cómo reemplazás la sensación al terminar una vuelta de 64? Aunque creo que también voy a extrañar el bogey del 18 que te hace esperar toda la tarde para ver si pasás el corte. No voy a ser exagerado y decir que extraño la escuela clasificatoria. Ésa no se la deseo a nadie.
Me van a ver en algún torneo compitiendo, tratando de sentir todo esto otra vez. Esta droga es muy fuerte y no se la deja así de fácil. Bobby Jones decía que hay dos deportes: el golf y el golf competitivo. El segundo es el que voy a extrañar. Es el que involucra todo lo que uno tiene para hacerlo bien. Es el que de Jueves a Domingo no te deja sentirte cien por ciento vos. Voy a jugar golf toda mi vida, y cada vez que pueda, golf competitivo. Va a ser importante para mis trabajos de analista y de coach seguir sintiendo lo que el jugador siente. Una gran parte de lo que soy como comentarista y profesor tiene que ver con haber podido vivir esas experiencias durante años.
Cuiden su imagen. No hay una segunda oportunidad para una buena primera impresión. Aprendan a venderse, son un producto. No sólo sean golfistas profesionales (el golf como una forma de ganar dinero), sean Profesionales de Golf, con todo lo que eso significa. Traten a todos con respeto. Vayan sumando amigos. La vida es redonda como una pelota de golf, y todo vuelve. Nunca saben qué pueden necesitar de aquel aficionado que tardaba un año en medir el putt para triple bogey en el pro am.
No usen zapatos negros con medias blancas. Sáquense la gorra en el clubhouse y al saludar en el Green del 18. Jueguen bajo las reglas. La historia de nuestro deporte se construyó con estos valores. Respétenlos y háganlos respetar.
Mimen a los sponsors y sus clientes, de ellos depende estar en el tour. Practiquen el juego corto, nadie logró agarrar más de 14 greens de promedio. Aprendan a olvidar los malos golpes. ¡Y disfruten los buenos! ¡Ese hierro 6 pegado en el corazón de la pelota que hizo exactamente lo que querías! Hay gente que se muere sin conocer esa sensación. No hay nada como acariciar el huevo justo en el punto dulce del palo (entre la tercera y la cuarta ranura). Ojalá los aficionados, que la quieren matar, entiendan que la pelota está muerta. El jugador le tiene que dar vida. Y como a todo muerto, se le da vida con un golpe seco al corazón.
El golf fue, es y será mi pasión. Es mi trabajo y mi mundo. Una gran forma de vivir la vida. Ahora, como coach y analista, voy a compartir mis conocimientos. Un rol no tan egoísta como el de jugador. El golfista profesional se vuelve egocéntrico. Es la naturaleza de esa profesión. El instructor es completamente lo opuesto. Uno se vuelve generoso y disfruta del éxito del alumno. Creo que eso va más a tono con mi personalidad. Puedo volverme competitivo, pero la docencia tiene más que ver conmigo. No es un adiós, sino un hasta luego. Con otras actividades dentro del mundo del golf, de alguna forma se despide el jugador. Un jugador que lo dejó todo.





