He recibido varios mensajes de padres pidiendo consejos sobre sus hijos golfistas. Entendiendo que ustedes son la influencia más importante para sus hijos, acá van algunas ideas y conceptos que he aprendido durante mis años con golfistas juniors.
Sepan que sus decisiones y acciones determinan la felicidad futura de su hijo. No mezclen su rol de padre con el de coach. No dejen que el chico crea que su cariño está influenciado por sus scores. Ayúdenlo a separar los triunfos y fracasos (aprendizajes) deportivos de los personales.
No demuestren emociones exageradas, ni en las buenas ni en las malas. No hablen de su performance inmediatamente después de terminar. Es mejor para padres y chicos estar tranquilos a la hora de hablar.
Júzguenlos siempre por su proceso, esfuerzo y conducta, nunca por sus resultados. Traten de pensar siempre a largo plazo. Lo que un niño gane a los 10 años tiene cero influencia en sus posibilidades de ser un gran jugador como adulto.
¿Saben qué tiene una gran influencia? Buenos fundamentos (técnicos y mentales): buena técnica, aprender dinámica, saber de estrategia, controlar emociones, rutinas eficientes, entender los lies y poder pegar todos los vuelos de pelota. Que el chico aprenda el arte de “jugar” al golf. Todo esto debe suceder en un ambiente divertido. No debería entrenar como un profesional.
En un proceso ideal, un chico preadolescente debe ser y jugar como un niño. La especialización vendrá más adelante. Dejen que se enamore del juego. Que genere amistades. Que juegue otros deportes (es una gran ventaja ser multideporte en los primeros años).
Formen al atleta antes que al golfista. Y, lo más importante, que el golfista no mate al niño.
Si no lo hace por los motivos correctos, el campeón temprano termina siendo un arma de doble filo; generalmente quema etapas. Etapas que no se recuperan nunca.
Las presiones deterioran resultados.
Disfrutar el proceso te acerca al éxito. Más importante aún, te acerca a tu felicidad. De nada sirven los triunfos deportivos si los pagas con tu felicidad personal.
Qué ironía: los padres esperan que sus niños jueguen como profesionales, y yo me paso la vida pidiéndole a mis profesionales que jueguen como niños.





