Entendiendo que ustedes son la influencia más importante en la vida de sus hijos, quiero compartir algunas ideas y conceptos que he aprendido durante mis años trabajando con golfistas juniors:
• Su rol como padres es único e irremplazable. No mezclen el rol de padre con el de coach. Sus decisiones y acciones determinan en gran medida la felicidad futura de su hijo.
• El cariño no depende de un score. No dejen que el chico piense que su valor o su relación con ustedes está influenciada por sus resultados. Ayúdenlo a separar triunfos y fracasos deportivos de su valor personal.
• Moderación en las emociones. Eviten demostrar reacciones exageradas, tanto en los buenos como en los malos momentos. Y después de la ronda, no hablen inmediatamente de su performance: es mejor esperar y mantener la calma.
• Juzguen siempre el proceso. Reconozcan su esfuerzo, disciplina y conducta, nunca los resultados.
• Piensen a largo plazo. Lo que un niño gana a los 10 años no tiene ninguna influencia real en sus posibilidades de ser un gran jugador adulto. Lo que sí influye son los buenos fundamentos: técnica, dinámica, estrategia, control emocional, rutinas, capacidad de leer los lies y jugar todos los vuelos de pelota.
• El arte de “jugar” al golf. Todo esto debe darse en un ambiente divertido. Un chico no debería entrenar como un profesional. Un preadolescente debe jugar y divertirse como un niño. La especialización llegará más adelante.
• Que se enamore del juego. Déjenlo generar amistades, disfrutar del proceso y practicar otros deportes. Ser multi-deporte en los primeros años es una gran ventaja.
• Formen al atleta antes que al golfista. Y, lo más importante, asegúrense de que el golfista no mate al niño.
Si un chico compite por motivos incorrectos, el “campeón temprano” termina siendo un arma de doble filo: quema etapas que nunca se recuperan. Las presiones deterioran resultados.
En cambio, disfrutar el proceso no solo lo acerca al éxito, sino, más importante aún, a la felicidad. De nada sirven los triunfos deportivos si se pagan con la felicidad personal.
Qué ironía: los padres esperan que sus niños jueguen como profesionales… y yo me paso la vida pidiéndole a mis profesionales que jueguen como niños.





